Hay fotógrafos que miran la ciudad como si buscaran una escena. Manolo Laguillo suele hacer otra cosa: mira el lugar antes de que se convierta en escena, cuando todavía parece estar decidiendo qué forma va a tener. Esa diferencia es importante para acercarse a Galicia urbana, la exposición que el Centro Galego de Arte Contemporánea presentará en Santiago de Compostela del 23 de octubre de 2026 al 3 de enero de 2027.
No parece una exposición pensada para colocar a Laguillo dentro de una vitrina retrospectiva. El dato importante es otro: el proyecto se realizó entre 2025 y 2026 por encargo del CGAC y pasará a formar parte de su colección. Eso cambia la lectura desde el principio. No se trata de traer una obra ya cerrada y hacerla encajar en Galicia, sino de invitar a un fotógrafo acostumbrado a leer las formas de la ciudad para que mire un territorio donde lo urbano aparece muchas veces mezclado con costa, periferia, carretera, memoria industrial y crecimiento disperso.

Un evento para mirar con calma
Manolo Laguillo. Galicia urbana abrirá en el CGAC el 23 de octubre de 2026 y permanecerá hasta el 3 de enero de 2027. Conviene llegar a la muestra con una pregunta sencilla, pero nada inocente: ¿qué puede llamar “ciudad” un fotógrafo como Laguillo cuando trabaja en Galicia?
La pregunta no es menor. Galicia no suele funcionar, visualmente, como las grandes metrópolis sobre las que se ha construido buena parte del imaginario urbano contemporáneo. Aquí la ciudad aparece a menudo mezclada con puerto, carretera, polígono, monte próximo, ría, periferia residencial, casco histórico, bloque aislado, nave industrial o descampado húmedo. No siempre hay una ruptura limpia entre lo rural y lo urbano. A veces hay capas superpuestas: un edificio nuevo junto a una traza vieja, una fachada que tapa otro tiempo, una zona de paso que nadie mira porque todavía no ha sido aceptada como paisaje.
Ese tipo de territorio parece especialmente adecuado para Laguillo. Su fotografía no necesita monumentos evidentes. De hecho, suele ganar fuerza cuando se coloca en zonas donde la ciudad pierde solemnidad y empieza a mostrar su estructura: avenidas inacabadas, solares, fachadas sin épica, vacíos funcionales, edificios vistos desde una distancia que no embellece pero tampoco castiga. Lugares donde la vida urbana no se representa a sí misma, simplemente sucede.
Quién es Manolo Laguillo
Manolo Laguillo nació en Madrid en 1953, aunque su biografía visual está muy unida a Barcelona. Allí ha fotografiado durante décadas, ha enseñado fotografía en la universidad y ha construido una obra que no mira la ciudad como un decorado estable. Le interesa más el proceso que la fachada terminada: el borde, el solar, la calle todavía incómoda, el edificio que revela una decisión urbanística antes que una intención estética.
Desde finales de los setenta empezó a prestar atención a una Barcelona que no siempre coincidía con su imagen pública. Fotografió periferias, tramas antiguas, zonas en transformación y espacios que estaban a punto de ser absorbidos por otro relato urbano. Cuando la ciudad se preparaba para reescribirse antes y después de los Juegos Olímpicos, Laguillo no se limitó a registrar el brillo de la modernización. Miró también sus costuras: lo que se ordenaba, lo que se desplazaba y lo que quedaba en una especie de espera.
Esa mezcla entre exactitud y paseo es una de sus claves. Sus imágenes pueden parecer frías en un primer vistazo porque no buscan seducir de inmediato. Pero si uno permanece dentro del encuadre, empiezan a aparecer relaciones: una alineación de fachadas, una sombra que separa dos zonas, una calle demasiado ancha, un vacío que dice más que el edificio principal. No es inventario arquitectónico. Es una forma de estar en el lugar hasta que el lugar empieza a hablar.
La ciudad antes de volverse imagen oficial
Una de las razones por las que el trabajo de Laguillo mantiene interés es que evita dos tentaciones muy frecuentes al fotografiar ciudades. La primera es la postal: convertir el lugar en una suma de símbolos reconocibles. La segunda es el dramatismo fácil: buscar ruina, abandono o rareza para que la imagen parezca más profunda de lo que es. Laguillo suele moverse en una zona más incómoda. Sus fotografías miran espacios que no siempre son bellos ni espectaculares, pero que contienen información visual suficiente para entender cómo se organiza una ciudad.
Ese carácter aparentemente seco no debe confundirse con frialdad. En sus imágenes hay una atención rigurosa al tono, al encuadre, a la altura de la cámara y a la relación entre edificios, suelo y cielo. La emoción no aparece subrayada; surge después, cuando el espectador comprende que está viendo un lugar en transición. La fotografía no dice “esto es importante” con un gesto enfático. Lo demuestra dejando que el espacio respire.

Galicia como territorio urbano
El título Galicia urbana es más interesante de lo que parece. Podría sonar descriptivo, incluso neutro, pero contiene una tensión. Galicia se ha representado muchas veces desde la costa, el rural, el patrimonio histórico, la lluvia, el camino, el abandono o la naturaleza. Todo eso existe, pero no agota el territorio. También existe una Galicia de accesos, polígonos, barrios nuevos, puertos, estaciones, rondas, fachadas medianeras, aparcamientos, promociones detenidas y ciudades que crecen de forma desigual.
Si el proyecto de Laguillo se mantiene fiel a su manera de trabajar, probablemente no buscará confirmar una imagen previa de Galicia. Esa sería la opción más pobre. Lo relevante será ver cómo organiza visualmente un territorio donde las escalas cambian rápido: una ría puede actuar como fondo de una operación urbana; una carretera puede partir un barrio; un casco histórico puede convivir con un volumen reciente que aún no ha encontrado su lugar; un polígono puede explicar mejor la economía de una zona que cualquier plaza monumental.
La fotografía urbana, cuando funciona, no solo muestra edificios. Muestra decisiones. Dónde se construye. Qué se deja vacío. Qué queda a medio resolver. Qué parte de la ciudad se cuida y cuál se usa sin mirarla. En Galicia, donde muchas transformaciones han ocurrido por acumulación más que por grandes gestos unitarios, esa lectura puede ser especialmente rica.
La técnica como forma de pensamiento
Laguillo no disimula la técnica para fabricar una sensación de espontaneidad. En su caso, medir, encuadrar y esperar forman parte del pensamiento visual. La perspectiva no es solo un recurso óptico; es una posición ante el mundo. El tono no es solo una cuestión de copia; decide cuánto peso tiene cada zona de la imagen. La distancia tampoco es neutral: acercarse demasiado convertiría la escena en anécdota, alejarse en exceso la volvería indiferente.
Esto importa porque en su caso la técnica no es un adorno profesional. Es una manera de pensar. El lugar no se captura de cualquier modo. La cámara se coloca donde la estructura del espacio empieza a hacerse legible. El encuadre decide qué relaciones quedan dentro y cuáles desaparecen. La distancia evita tanto la espectacularidad como el sentimentalismo. La luz, muchas veces contenida, permite que la escena no se convierta en efecto.
Su paso del blanco y negro a trabajos posteriores en color no se entiende como una moda ni como una ruptura brusca. Cambia la herramienta, cambia la temperatura de la superficie, pero no desaparece la pregunta de fondo: cómo se puede describir una ciudad sin convertirla en propaganda, nostalgia o postal.

No fotografiar Galicia como decorado
Una exposición como Galicia urbana puede tener valor precisamente si evita lo que ya esperamos ver. No necesitamos otra confirmación de que Galicia tiene piedra, lluvia, mar o memoria rural. Tampoco una colección de edificios recientes tratados como catálogo arquitectónico. Lo interesante sería encontrar esa zona intermedia donde el territorio gallego muestra sus contradicciones actuales: densidad y dispersión, patrimonio y abandono, ciudad compacta y expansión periférica, costa deseada y suelo usado de manera práctica.
Ahí Laguillo puede aportar algo importante. Su mirada no parece interesada en conquistar el lugar, sino en leerlo. No convierte la ciudad en espectáculo rápido. La observa como una acumulación de capas. Para un espectador acostumbrado a consumir imágenes urbanas veloces, eso puede resultar casi extraño: fotografías que piden tiempo, que no entregan inmediatamente su argumento, que obligan a recorrer el encuadre.
Ese ritmo lento encaja bien con Luz Latente. Nos interesa la fotografía cuando permite comprender cómo se forma una imagen y qué decisiones la sostienen. En Laguillo, el asunto no está solo en qué aparece dentro de la foto, sino en cómo se ha decidido mirar: desde qué altura, con qué distancia, con qué luz, con qué paciencia y con qué respeto por la complejidad del lugar.
Por qué conviene verla
Conviene acercarse a Galicia urbana por tres razones. La primera es evidente: permite ver un proyecto nuevo de uno de los nombres fundamentales de la fotografía urbana española, realizado además sobre territorio gallego y encargado por una institución pública gallega. No es una pieza importada sin relación con el lugar; nace de un encargo específico.
La segunda razón tiene que ver con la educación visual. Laguillo ayuda a mirar espacios que normalmente atravesamos sin atención. La fotografía puede devolver importancia a una esquina, una medianera o una zona de transición. No porque las embellezca, sino porque muestra que también forman parte de la imagen colectiva de una ciudad.
La tercera razón es histórica. Lo que hoy parece demasiado normal para merecer una fotografía puede acabar explicando una época: cómo se construía, qué se aceptaba como progreso, qué zonas quedaban fuera de la mirada y qué relación mantenían las ciudades gallegas con su entorno. Laguillo trabaja bien en ese intervalo incómodo en el que el presente aún no sabe que algún día será documento.
Datos prácticos
Exposición: Manolo Laguillo. Galicia urbana
Lugar: CGAC, Centro Galego de Arte Contemporánea, Santiago de Compostela
Fechas: del 23 de octubre de 2026 al 3 de enero de 2027
Interés: fotografía urbana, territorio gallego, arquitectura, paisaje contemporáneo, archivo y ciudad.
Habrá que esperar a la apertura para leer las imágenes concretas y comprobar cómo Laguillo ha resuelto visualmente Galicia. Pero como previa, el proyecto ya tiene una virtud clara: obliga a sacar la fotografía gallega de los lugares más previsibles y colocarla donde también se está escribiendo el presente, en la ciudad que usamos a diario y que casi nunca miramos con suficiente atención.
Fuentes y lugares donde ampliar información
- Agenda cultural de Santiago: Manolo Laguillo. Galicia urbana.
- CGAC, Centro Galego de Arte Contemporánea.
- Museo Universidad de Navarra: Proyectos: cuatro décadas.
- Foto Colectania: perfil y trayectoria de Manolo Laguillo.
- masdearte: Manolo Laguillo. Razón y ciudad.
Nota editorial sobre las imágenes: las fotografías pertenecen a Manolo Laguillo y/o a los titulares que gestionen sus derechos. Se incluyen como referencias visuales contextualizadas para comentario, análisis y estudio crítico, con identificación del autor, procedencia y enlace a la fuente original. Luz Latente no ofrece archivos de descarga ni atribuye a estas imágenes una licencia libre.